Del rajar que ya cansa
Y rajó y rajó y rajó y,
en la boca extasiada
por la lluvia dorada
de su dios,
se incendió la palabra,
la prohibida palabra
de sagrada nación.
¡Oh dios de ángeles finos!
El de levante entero
por su agua para el golf.
El de poniente arriba
con la boca torcida
del rencor.
Y el de los campos fieros
y las trilladas eras,
¡oh pus de primavera
y aviones de cartón!
El odio de los siglos
por una lengua extraña,
la vieja oscura saña
contra lo diferente.
La pasión indolente
del apóstol fingido,
la historia falseada,
el imperio perdido,
mordido en la nostalgia
de un cerdo bajo palio,
repitiendo el graznido
de las sotanas vistas.
Ayer de los compases
en fa de los fascistas,
en es de fariseos
por banderas gigantes.
Ayer de los desplantes:
”no saben quién soy yo”.
Gato que su bigote
relame con esmero,
tahúr, mal perdedor
y siempre pendenciero
por una guerra abierta,
mentira descubierta,
ruin y hasta escritor
de un extraño planeta,
mensaje en la botella,
perfil de dictador.
Desde la sombra oscuro,
ventrílocuo rastrero,
tras su muñeco duro
rajó y rajó y rajó.

Este el diario
Flanagan dijo
Un perfil tristemente extendido por todo el planeta.
7 Noviembre 2005 | 05:24 PM